Un
chillido, un grito, un llanto o incluso el silencio, marcan nuestra llegada a
este mundo, por destino o por azar nos toca enfrentarnos a un entorno
desconocido, muy favorable para algunos, medianamente para otros y totalmente
desventajoso para unos cuantos más. No importa dónde nos allá tocado nacer, a
todos, sin excepción, nos visitará la alegría, pero también es seguro que a la
vuelta de la esquina nos encontremos con la tristeza. Durante nuestras andanzas
por la vida, serán incontables los momentos maravillosos, algunos más
relevantes que otros, como la llegada
del primer amor o el presenciar de un nuevo amanecer. Las tormentas arribarán
de vez en cuando, pueda que incluso nos acompañen un gran rato, sin embargo estas
tienen algo que enseñarnos, no todo es en vano.
Desde
pequeños nos adoctrinarán para seguir un patrón de vida, la familia, la cultura
y el lugar que nos ve crecer juegan un papel fundamental en nuestro desarrollo
como personas, a medida que avanzamos en
edad se va presentando ante nuestros ojos un mundo indomable, el cual queremos
conocer y descubrir, para ello muchos desobedeceremos a nuestros padres, nos
quejaremos de su sobreprotección, luego una vez adultos y con hijos nos daremos cuenta de cuan equivocados
estábamos, que lo hacían por nuestro bien. En algún momento tendremos claro las
diferencias entre lo que está “bien” y lo que esta “mal”, basados en una
construcción hecha por la sociedad, así haya cosas que parezcan absurdas muchos
se abocarán a seguir esos parámetros, por miedo a ser calificados y de alguna
forma discriminados, una gran mayoría, se saltará las normas, entrando en la
lista de los renegados. Quedan así
marcados dos caminos, uno “bueno y uno “malo”. No permitamos que la segregación
defina nuestras vidas, no sabemos qué condiciones llevaron a alguien a tomar
determinada decisión. Siempre hay opción para la rectificación, sigue tu propio
camino, y deja a un lado los prejuicios que no hacen más que hacernos daño.
El arma más poderosa de un hombre yace en su
mente, debemos aprender a usarla pues esta se puede volver en nuestra contra. Alfredo
Malavé.