domingo, 25 de noviembre de 2012

TODO SE ESFUMA EN UN ABRIR Y CERRAR DE OJOS.


Qué tiempos aquellos! que invaden mi mente y me hacen recordar esos días en los que solía disfrutar del mundo sin percatarme de ello, el simple hecho de pararme todas las mañanas y contemplar el amanecer me alegraba la existencia. Es increíble como pasa el tiempo, como se nos va la vida, como el reloj anda sin parar, como los finos granos de arena parecen incrementar su velocidad con cada golpe que recibe el tubo de cristal. Nuestra existencia se traduce como un pequeño punto de luz en el universo, a través del espacio y el tiempo, al lado de ese punto, están millones de puntos más, algunos muy brillantes, otros tan opacos como la oscuridad misma, cada segundo centenares de luces se encienden y otras cuantas se apagan sin importar su intensidad.

Una nostalgia enorme se apodera de mi, y me doy cuenta que he caído en un círculo vicioso en el cual la monotonía es la norma, los días son iguales y siempre lo serán, porque la cuestión no esta en los días, está en nosotros y en la manera en la aprovechemos los momentos, es probable que muchas veces nos desesperemos, pero hasta que no hagamos algo nuevo y no salgamos de la rutina todo seguirá igual, de hecho estamos tan empeñados por encajar en el mundo que nos olvidadnos de nosotros mismos y de lo que queremos en realidad. No se trata solo de fijarse metas, se trata de disfrutar el camino, porque de que vale alcanzar el éxito cuando el camino estuvo repleto de quejas, nadie dijo que sería fácil, pero bien es sabido que el triunfo es más sabroso cuando el esfuerzo es grande.

Hagamos que nuestra luz interna haga eco de su majestuosidad y destaque entre la multitud, haciendo que el tiempo y los días no pasen por nosotros, rompiendo con los paradigmas impuestos por la civilización humana, si quieres dejar una huella en el tiempo, evita formar parte del montón, experimentando cosas diferentes y con las que te identifiques, para así lograr que la luz que llevas dentro perdure por siempre en las mentes de las almas futuras. Alfredo J. Malavé D.   


martes, 13 de noviembre de 2012

LA SOCIEDAD DE PLÁSTICO


Observaba aquel lugar con cierto recelo, llegue a interesarme tanto en él, que olvide mi razón de vivir, había pasado mi vida en una ciudad de plástico, con gente plástica, de mirada esquiva y falso reír, cuyos únicos objetivos de vida eran el estar a la moda, andar en lujosos coches, vestir las mejores marcas, hablar cualquier cantidad de basura y vaya a saber yo que otra estupidez. Durante mucho tiempo, quizá, desde que tengo uso de razón, viví bajo los estereotipos implantados por esta absurda sociedad, capaz de acabar con cualquier rastro de libertad, con el poder suficiente para someternos e introducirnos en el mundo del consumismo y la desigualdad, esa sociedad en donde las apariencias valen más que la propia vida y las personas brillan por su apatía.

Me culpo por no haberme dado cuenta a tiempo, por perderme en ese mundo, por caer tan bajo, por perder mi identidad, por fijarme solo en mi y por destruir todo a mi paso con tal de alcanzar una meta ridícula, que en lugar de traerme felicidad, no hizo más que hundirme en la tristeza y la soledad. Dicen que nunca es tarde para enmendar los errores, es posible que tengan razón, quizás por las malas se aprenda; pero nada mejor que hacerlo bien desde el principio.

En algún punto de mi existencia me sucedió lo peor que creí podía pasarle a alguien, me encontraba en lo más bajo mi carrera, ahogado en deudas para poder mantener mi estatus social, llegue a vender mi razón de ser por prestigio y comodidad. Cuan equivocado estaba, pensando que el dinero lo es todo, me sentía solo y cansado, para mí, aquello era inhumano. Necesitaba olvidarme de todo, emprendí un viaje, recorrí los lugares más recónditos del planeta, me encontré con un mundo diferente, con culturas exóticas y atrayentes, con gente de todos los estratos sociales; mis ojos, además de bellezas, contemplaron el sufrimiento, la pobreza y la miseria.  Me sorprendió el hecho de que, a pesar de las penumbras, una gran cantidad de gente mantenía una sonrisa el rostro. Aprendí mucho, más de lo pude haberlo hecho en un libro, me di cuenta de lo afortunado que era y de lo estúpido que había sido. Comprendí que tenía una nueva razón para vivir, me transporte a la realidad y desde entonces mi alma se hizo libre.

Una vez alguien dijo “el mundo es un libro, y quienes no viajan leen solo una página”. San Agustín.  Muchos creemos que el mundo gira en torno a nosotros, pero cada persona es un mundo, solo nos queda romper esa barrera para descubrir las maravillas que se esconden más allá, es probable que la mayoría de las veces nos encontraremos con individuos ficticios, pero dentro de esa multitud siempre habrá un rostro lleno de esperanza y calidez. No te entregues a la máscara de las apariencias, recuerda que el plástico se derrite.  Alfredo J. Malavé D.

viernes, 2 de noviembre de 2012

NO DEJES QUE EL MIEDO TE ABRACE.


La oscuridad era abrazadora, ni una sola gota de luz se filtraba en aquel inmenso vacío, ese ruido ensordecedor me hizo delirar, podía sentir el sufrimiento que emanaba de aquella voz, de solo pensarlo se me retuercen las vísceras, una escena de terror se reflejo ante mis ojos, cuando las llamas de una antorcha se posaron sobre el cuerpo de aquella criatura, tan indefensa como una rosa sin espinas, cuya esencia clama piedad, sus gritos de auxilio eran cada vez mas fuertes, mientras yo estaba ahí sin poder hacer nada, presenciando semejante atrocidad. El repugnante olor a sangre, heces y orina rancia hacían eco de la cantidad de almas ejecutadas. No soportaba más esa situación, el verdugo parecía estar ausente, su mirada solo reflejaba el vacio de un cuerpo sin vida, tuve la sensación de que no era humano. Después de un rato los sollozos de aquel individuo cuya esencia se desvanecía disminuyeron su intensidad, pero él seguía ahí dispuesto a acabar con ese ser indefenso. De un momento a otro el silencio era tan grande como el miedo que sentía, cosa que no duro mucho, pues el verdugo se voltio hacia mí, a grandes zancadas se acercaba rápidamente con la intención de hacer lo mismo conmigo. En ese momento estaba más helado que nunca, mi respiración se disparó de repente, al igual que los latidos de mi corazón, no deseaba más que salir de esa pesadilla y entre gritos desperté, bañado en sudor, tan asustado como en el sueño que acababa de vivir.

Los sueños son quizás un reflejo de lo que somos, lo que deseamos ó, a lo que tememos, muchas veces no les damos importancia, pero algo tratan de decirnos, tomate la molestia de pensar siquiera porque has soñado lo que has soñado y pueda que comprendas muchas cosas que no sabes de ti mismo. Me despido con una frase de Oscar Wilde que cita: “Nos prometieron que los sueños podrían volverse realidad. Pero se les olvidó mencionar que, las pesadillas, también son sueños”. Alfredo José Malavé Díaz.