domingo, 5 de abril de 2015

LA NATURALEZA HUMANA


Era un tanto insoportable, grosero quizás, debo admitir que había cierto tipo de maldad en mi, incluso ahora la hay, solo que trato de llevarla. Un sobrio vacio a veces me embarga el alma, es algo amargo que me embota por completo, me impide concentrarme, me trasporta a un mundo de nostalgia, de recuerdos, me veo a mi mismo de pequeño,  como una especie de chiripa maliciosa, de sonrisa picara y una energía exorbitante. No había preocupaciones, vivía el día imaginando cosas, corriendo, saltando, en ocasiones pretendía ser grande, cuidaba lo mío con recelo, mi hermano mayor solía ser mi mayor enemigo y mi mejor amigo al mismo tiempo, era extraño. Algo un tanto  curioso era que en el colegio mis ánimos se apaciguaban, la timidez me acorralaba, pero en casa la transformación era inminente, solo mi madre podía contenerme. 

El tiempo ha pasado y el hiperactivo niño yace encerrado en algún lugar de mí mente, La sociedad se fue encargando de adoctrinar a la pequeña bestia, de reprimir sus deseos naturales y darle las herramientas para sobrevivir a futuro. A veces lo veo en mis sueños y me recuerda la inocencia con la que solía hacer sus travesuras, entonces pienso y me doy cuenta que una de las mayores cosas que una persona puede conservar de su niñez se ha ido por la borda en el mundo en que vivimos, donde la desconfianza es tal, que la inocencia y la lealtad quedan relevadas a un segundo plano solo para personas y condiciones precisas. 

La naturaleza humana no se puede cambiar por completo, la educación en la niñez es clave si queremos un mejor futuro, podemos intentar ser buenas personas pero siempre estará ese instinto de supervivencia donde solo la malicia tiene cabida. Alfredo Malave.