martes, 9 de octubre de 2012

LA VERDADERA CARA DE LA HUMANIDAD

Una cara triste, un cuerpo desaliñado, unos pies descalzos, una expresión de timidez en su rostro, de ojos llorosos y sonrisa gastada, son recuerdos que se me vienen a la mente y me hacen encontrarme con un yo que creía no existía. Solo estaba cegado por los placeres de la vida, no una lujosa, sino más bien cómoda,  pero siempre ansiando más. Esto me hace darme cuenta de lo equivocado que estaba, de mi falta de empatía, de mi falta de coraje para enfrentarme a la vida, no a la vida ficticia que vivía, sino a la real, esa vida que esta ahí afuera, en ese mundo indomable e implacable, capaz de someter a los débiles y de ejercer presión contra los "fuertes" que de fuertes no tienen nada, puesto que solo luchan por su supervivencia,  dejando a la deriva a cientos de almas necesitadas que claman por un poco de ayuda y de amor, ya que un cuerpo desvalido mas que ayuda física no necesita mas que amor, así es mi gente, amor, ese sentimiento que te hace ver la vida de forma diferente y te hace olvidar tus males. Es increíble la forma en la que el amor puede cambiar el mundo; de alguna forma nos hace sentir libres y a la vez enriquece nuestra alma. 

Hasta que no descubramos nuestra esencia y viajemos a lo más profundo de nuestro corazón, solo seremos individuos vacíos, de cuyos cuerpos el espíritu se desvanece. No hace falta más que un suceso para hacernos reaccionar.  Sentir el dolor de cerca y ser victima de la injusticia es para muchos el comienzo del cambio, cosa que no debería ser, pero como recita haber popular "por las malas se aprende". 

Los cambios son difíciles, pero no imposibles e implican una lucha interna por tratar de dominar la mente y el cuerpo. La aceptación de nuestros errores resulta vital para encararnos con nosotros mismos y lograr ese avance tan anhelado. Recordemos que no estamos solos en este mundo y que muchas veces podremos necesitar de alguien, así como muchos precisaran de nuestra ayuda. Vive con la convicción de tender la mano desinteresadamente y agradece por estar donde estas, la vida es una caja de sorpresas; hay veces en las que podemos estar en la cima, pero hay otras en las que el abismo nos gana la partida. La felicidad de un pueblo se mide por la cantidad de sonrisas en la cara de sus habitantes  a pesar de los pesares. Te invito a que le regales una sonrisa a la vida y a luchar por tus sueños haciendo el bien por más pequeño que sea. Nos vemos en la próxima entrega, saludos. Alfredo José Malavé Díaz


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