martes, 13 de noviembre de 2012

LA SOCIEDAD DE PLÁSTICO


Observaba aquel lugar con cierto recelo, llegue a interesarme tanto en él, que olvide mi razón de vivir, había pasado mi vida en una ciudad de plástico, con gente plástica, de mirada esquiva y falso reír, cuyos únicos objetivos de vida eran el estar a la moda, andar en lujosos coches, vestir las mejores marcas, hablar cualquier cantidad de basura y vaya a saber yo que otra estupidez. Durante mucho tiempo, quizá, desde que tengo uso de razón, viví bajo los estereotipos implantados por esta absurda sociedad, capaz de acabar con cualquier rastro de libertad, con el poder suficiente para someternos e introducirnos en el mundo del consumismo y la desigualdad, esa sociedad en donde las apariencias valen más que la propia vida y las personas brillan por su apatía.

Me culpo por no haberme dado cuenta a tiempo, por perderme en ese mundo, por caer tan bajo, por perder mi identidad, por fijarme solo en mi y por destruir todo a mi paso con tal de alcanzar una meta ridícula, que en lugar de traerme felicidad, no hizo más que hundirme en la tristeza y la soledad. Dicen que nunca es tarde para enmendar los errores, es posible que tengan razón, quizás por las malas se aprenda; pero nada mejor que hacerlo bien desde el principio.

En algún punto de mi existencia me sucedió lo peor que creí podía pasarle a alguien, me encontraba en lo más bajo mi carrera, ahogado en deudas para poder mantener mi estatus social, llegue a vender mi razón de ser por prestigio y comodidad. Cuan equivocado estaba, pensando que el dinero lo es todo, me sentía solo y cansado, para mí, aquello era inhumano. Necesitaba olvidarme de todo, emprendí un viaje, recorrí los lugares más recónditos del planeta, me encontré con un mundo diferente, con culturas exóticas y atrayentes, con gente de todos los estratos sociales; mis ojos, además de bellezas, contemplaron el sufrimiento, la pobreza y la miseria.  Me sorprendió el hecho de que, a pesar de las penumbras, una gran cantidad de gente mantenía una sonrisa el rostro. Aprendí mucho, más de lo pude haberlo hecho en un libro, me di cuenta de lo afortunado que era y de lo estúpido que había sido. Comprendí que tenía una nueva razón para vivir, me transporte a la realidad y desde entonces mi alma se hizo libre.

Una vez alguien dijo “el mundo es un libro, y quienes no viajan leen solo una página”. San Agustín.  Muchos creemos que el mundo gira en torno a nosotros, pero cada persona es un mundo, solo nos queda romper esa barrera para descubrir las maravillas que se esconden más allá, es probable que la mayoría de las veces nos encontraremos con individuos ficticios, pero dentro de esa multitud siempre habrá un rostro lleno de esperanza y calidez. No te entregues a la máscara de las apariencias, recuerda que el plástico se derrite.  Alfredo J. Malavé D.

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