Nuestra vida está repleta de cambios, desde
que nacemos nos enfrentamos a un mundo dinámico, siempre en movimiento, a
medida que crecemos nuestro cuerpo se transforma por completo, no nos
percatamos de ello, pero lo cierto es que sucede, lo comprobamos en las fotografías
o al escuchar al familiar lejano decir, “hijo! como has crecido”. Así como el
agua en un vaso se evapora al pasar de los días, nuestro cuerpo se desvanecerá y
por más que intentemos aferrarnos a lo físico, siempre acabara yéndose.
Sin embargo el amor es lo único
que permanece vivo, aun cuando físicamente ya nos hayamos ido de esta
maravillosa vida. Y es que lo esencial es invisible a los ojos, sólo se puede ver
con el corazón. El amor es la mejor melodía en la partitura de la vida, sin él,
seremos unos eternos desafinados en el inmenso coro de la humanidad. En esta
vida, nunca debemos cerrar el corazón al amor y nunca debemos dejar de sembrar
semillas de amor en todos los que nos rodean. Nunca nos debe faltar amor, de lo
contrario perdería sentido nuestra vida; dicho en otras palabras...nunca nos
debe faltar Dios, quien es sinónimo de la esencia del amor. Por lo tanto
vivamos a plenitud y cultivemos ese hermoso sentimiento pues será lo único que
nos llevemos con nosotros. Alfredo J. Malavé D.
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