lunes, 18 de noviembre de 2013

FURIA

Retorcijones de estomago, mirada furtiva y actitud explosiva, logran sin esfuerzo aparente escapar de mi, eventos como estos rara vez me persiguen y sin embargo logro controlarme, no sin antes descargar mi furia ante cualquiera que se asome a mi ventana.

Como humanos somos susceptibles, algunos más que otros, a almacenar paulatinamente y de manera pasiva gran cantidad de energía en forma de estrés, pero como en todo, existe un límite, un umbral que se debe sobrepasar, es entonces cuando se materializa esta energía y así sin más se viene el estallido, la explosión en mil pedazos de la enorme bomba latente hallada en nuestro interior, es una mezcla exquisita de emociones que desencadenan la aparición de palabras y luego acciones que siguen como especie de un circulo vicioso, hasta que todo acaba y no queda más que la calma, el alivio, una enorme sensación de pesadez desaparece, muchos no se inmutan, a otros sin embargo los alcanza el remordimiento y la impotencia. Ya no hay marcha atrás, no somos quien para juzgar las actitudes de los demás.

Existen medios, maneras y formas de hacer las cosas, canalizar las emociones; alternativas abundan por doquier desbordando el rio de las posibilidades, sin embargo nuestra mente está diseñada para buscar lo fácil, lo obvio, sin antes evaluar opciones. Despertar, recapacitar, disculparse y perdonar pueda que no borren ni cambien lo sucedido, afrontar las consecuencias por más duras que sean será nuestro destino, no queda sino pues voltear a ver para no repetir lo mismo en un futuro. Alfredo Malavé. 

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