Retorcijones
de estomago, mirada furtiva y actitud explosiva, logran sin esfuerzo aparente
escapar de mi, eventos como estos rara vez me persiguen y sin embargo logro
controlarme, no sin antes descargar mi furia ante cualquiera que se asome a mi
ventana.
Como
humanos somos susceptibles, algunos más que otros, a almacenar paulatinamente y
de manera pasiva gran cantidad de energía en forma de estrés, pero como en todo,
existe un límite, un umbral que se debe sobrepasar, es entonces cuando se
materializa esta energía y así sin más se viene el estallido, la explosión en
mil pedazos de la enorme bomba latente hallada en nuestro interior, es una
mezcla exquisita de emociones que desencadenan la aparición de palabras y luego
acciones que siguen como especie de un circulo vicioso, hasta que todo acaba y
no queda más que la calma, el alivio, una enorme sensación de pesadez
desaparece, muchos no se inmutan, a otros sin embargo los alcanza el
remordimiento y la impotencia. Ya no hay marcha atrás, no somos quien para juzgar
las actitudes de los demás.
Existen
medios, maneras y formas de hacer las cosas, canalizar las emociones;
alternativas abundan por doquier desbordando el rio de las posibilidades, sin
embargo nuestra mente está diseñada para buscar lo fácil, lo obvio, sin antes
evaluar opciones. Despertar, recapacitar, disculparse y perdonar pueda que no
borren ni cambien lo sucedido, afrontar las consecuencias por más duras que
sean será nuestro destino, no queda sino pues voltear a ver para no repetir lo
mismo en un futuro. Alfredo Malavé.
No hay comentarios:
Publicar un comentario